martes, 15 de abril de 2008

Crónica de un Sábado Agitado


Aprovecho este espacio para contar lo que nos pasó el Sábado a la salida del recital que el Indio dio en Jesús María, Córdoba. Como no tengo un diario, ni un programa de radio, y se que ninguno ya existente me publicaría esta denuncia, voy a contarles a quien lea lo que sucedió.
Después de uno de los mejores momentos de mi vida (no estoy exagerando), algo que quizás sólo entiendan aquellos que sienten profundamente la música de los redondos (que se lleva bien adentro!!); después de una verdadera fiesta, algo hizo que la noche no fuera perfecta.
A la salida del "estadio"/ "cancha", muchos de los ricoteros debíamos volver a Córdoba Capital. En la terminal del pueblo, salían según lo que nos habían dicho, cada 20 minutos, micros de la empresa "Ciudad de Córdoba". Cuando llegamos, la desorganización era tal, que había mínimo tres colas (no se entendía bien que las diferenciaba). Hicimos un rato una de ellas, hasta que un flaquito nos comenta que esa era la cola para sacar pasajes (nosotros vivarachos ya lo habíamos sacado con anterioridad). En consecuencia, fuimos a la otra cola "a la de los que tenían boletos".
Tres horas después, muertos de frío, cansados, y con bastante bronca llegamos al principio de la fila. Para nuestra sorpresa, la policía había llegado, y había decidido que ESA, nuestra cola, no era la correcta. Que la otra, era la beneficiada y que solo esas personas podían subir a los micros. La bronca aumentaba al darnos cuenta de que no había otra solución que volver a hacer la cola, comprobamos con nuestros propios ojos, que si no la hacíamos, terminábamos siendo reprimidos, golpeados y maltratados por la cana.
¡Que impotencia! Ver como a los compañeros ricoteros les daban palos!! Y nadie hacia nada, y ninguno de nosotros hacia nada. ¡El miedo que arma más eficaz y certera!
Resignados a que debíamos regresar a nuestra cola original (se que voy a perder un poco de tiempo
y tirar con lo que hay), nos dirigimos a nuestro irremediable destino (el final de la cola). Para darnos cuenta que avanzabamos hasta llegar a un camino formado por gendarmes, con sus lindos uniformes y sus caras de odio injustificado. " No los mires, mira para abajo" , cualquiera que les dirigía la palabra o se quejaba por los procedimientos, pa afuera de la cola y palazos. Sus miradas nos intimidaban, sus palos nos tocaban las pantorrillas, "avanzando de a uno, vamos, vamos..." . La risa (esa que te agarra en los peores momentos), la impotencia, los nervios, se entrelazaban, se mestizaban, se confundían; los ojos se cerraban, el sueño nos inundaba, nos pedía a gritos que entráramos en el; mientras avanzabamos por la fila de cascos, mirando el piso.
Subimos, por fin!! Un policía al lado del chofer, uno en el fondo del micro indicándonos donde nuestros cuerpos debían colocarse (¡Que???) Vos acá, vos allá, mientras te agarraban de la cintura poniéndote en donde "correspondía". ¡Que me tocas?!! Uno al lado del otro, bien apretados, parados, sentados en el piso, tirados en el guardaequipaje, como sea... ya estábamos camino a casa.
Felices por un lado (MUY!! LoCuRa de LocUrAs!!!) , muy cansados, con bronca y con la certeza de que no era ni la primera vez ni la última vez, volvimos.
Cuento esto como forma de denunciar a la empresa por la falta de organización, a la policía por falta de coherencia, por falta de dignidad, porque les pagan por reprimir y lo disfrutan, porque sus caras los delatan, porque el autoritarismo los desborda... Fue lo más cercano a una dictadura que viví, con un miedo, con un odio, que te hiela la sangre, que sabes que no queres sentir más.

"VIOLENCIA ES MENTIR"

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te banco amiga.
Los ojos ciegos bien abiertos.
Que tus palabras sean una forma de no tener más ceguera. Que no nos hagan cerrar los ojos.
Te banco amiga.
Lalo